LAS DESCARGAS EN INTERNET: ¿DELITO O RESISTENCIA?

mai 16, 2008 par berserker5

En octubre de este año, en Duluth, Minnesota (EE.UU.), un juez condenó al pago de 222000 dólares de multa a Jammie Thomas, una joven de 30 años y madre de dos hijos, acusada de haber participado en la circulación ilegal de una veintena de canciones en internet. Apenas un año antes, en Santander (España) y por la misma actividad, la juez Paz Aldecoa absolvió a un hombre de 48 años “por considerar que esa práctica no es delito, si no existe ánimo de lucro” (mundo.es 2007). Según la juez, aquello “implicaría la criminalización de comportamientos socialmente admitidos y además muy extendidos en los que el fin no es, en ningún caso, el enriquecimiento ilícito” (20minutos.es 2007).

Como podemos ver, ambas acusaciones fueron referidas al hecho de descargar y difundir material en internet. Estas situaciones opuestas me llevan a considerar con atención, el fenómeno de las descargas de información en internet, más aun si tomamos en cuenta que es una práctica que sigue en aumento.

¿Qué está ocurriendo entonces? ¿Por qué millones de personas utilizan la red para descargar gratuitamente libros, música, películas, data y softwares? ¿Qué impulsa a la personas a hacerlo? Una actividad tan socialmente aceptada, ¿puede mantenerse como delito? ¿O es que acaso nos encontramos frente a una revolución social que nos invita a cuestionar y revisar algunos conceptos tradicionales?

En el presente ensayo presentaré en qué circunstancias se manifiesta dicho fenómeno y explicaré las razones por las cuales ocurre. A través de tres argumentos demostraré que es imperativo revisar el concepto tradicional de la propiedad intelectual y permitir la libre difusión de materiales informáticos en internet, como una forma de democratizar el conocimiento. Para ello planteo que es urgente que todo grupo social pueda utilizar la información y el conocimiento como base para su desarrollo, seguidamente compruebo cómo las empresas líderes de las tecnologías de la información y las comunicaciones, en consecuencia a su interés netamente mercantil, sufren hoy la reacción de sus clientes, quienes utilizan internet como vía alternativa a sus dominios. Por último, propongo que esta situación de conflicto creada, invita a revisar el concepto de la propiedad intelectual y adecuarlo al escenario actual.

Para la elaboración de mi propuesta he revisado el libro Un mundo sin copyright de Joost Smiers, que analiza el campo de los productos artísticos y su difusión en internet, así como el concepto de propiedad intelectual que dice protegerlos. El Centro Berkman para Internet y Sociedad, de la Escuela de Leyes de Harvard, publica regularmente material en relación al tema, algunos de cuyos documentos he podido leer. He accedido también a artículos publicados en Le Monde Diplomatique, Tribune de Genève, New York Times, El Mundo de España, entre otros diarios; así como documentos oficiales de instituciones como Naciones Unidas y Cepal. Finalmente debo mencionar el libro de Anthony Giddens, Un Mundo Desbocado, que ofrece una mirada lúcida al sistema globalizado en que vivimos y a las características que este posee. Mención aparte merecen los distintos websites encontrados que evidencian, algunas veces con mucha pasión, la existencia de una filosofía basada en el compartir información, que practican millones de internautas, oponiéndose al imperio del mercantilismo que la sociedad viene experimentando.

En primer lugar considero que la información y el conocimiento son herramientas indispensables para evitar la exclusión y promover el desarrollo. Hoy, a diferencia de la sociedad industrial en la cual las principales mercancías que se negociaban eran los productos materiales; la sociedad actual está fuertemente influenciada por las tecnologías de la información y las comunicaciones, al punto que los productos que se comercializan actualmente se deben en gran parte a ellas. Desde los últimos treinta años, el signo característico de nuestra sociedad es la enorme importancia de la información. Aquello forma parte de un conjunto de fenómenos, al que hemos llamado globalización, una de cuyas particularidades es precisamente la importancia que ha adquirido el tráfico de información electrónica. La Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, en su declaración de principios expresada en Ginebra 2003 y confirmada en Túnez 2005, propone lo siguiente:

Reconocemos que la educación, el conocimiento, la información y la comunicación son esenciales para el progreso, la iniciativa y el bienestar de los seres humanos. Es más, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) tienen inmensas repercusiones en prácticamente todos los aspectos de nuestras vidas. El rápido progreso de estas tecnologías brinda oportunidades sin precedentes para alcanzar niveles más elevados de desarrollo. La capacidad de las TIC para reducir muchos obstáculos tradicionales, especialmente el tiempo y la distancia, posibilitan, por primera vez en la historia, el uso del potencial de estas tecnologías en beneficio de millones de personas en todo el mundo (itu.int 2007).

Y si los estados no están atentos o descuidan la  importancia de estas nuevas tecnologías, no ocurre lo mismo con los ciudadanos, ya que “[…] su existencia altera la textura misma de nuestras vidas, seamos ricos o pobres. Algo ha cambiado en la esencia de nuestra experiencia cotidiana […]” (Giddens 1999: 24). Es así que al intuir su importancia, nos acercamos a este tráfico de información con interés, no sólo en busca de herramientas que nos permitan una mejora económica sino como mecanismo para acercarnos al mundo. La ruta por donde transita la información es la internet, allí encontramos posibilidades de acceso a música, literatura, cine, softwares, noticias y muchos otros contenidos, más allá de los ofrecidos cotidianamente por los tradicionales medios masivos de comunicación y distribución. Por otra parte, esta ventaja se ha acrecentado de manera considerable con la aparición de herramientas informáticas que permiten la puesta en línea, descarga y difusión de archivos de forma muy simple, a gran velocidad y lo que es mejor, gratuitamente. Lo que representa un atractivo irrenunciable para amplios sectores de la sociedad, que de otro modo, no accederían a los contenidos que hoy les son permitidos.

La tendencia actual de la tecnología es hacer que la información sea, no solo más transferible, sino también más portable y reproducible. De otro lado, el interés por compartir la información ha llevado a la aparición de sistemas ingeniosos, como el ‘peer to peer’ (P2P), que permiten transferir archivos entre un conjunto de internautas, a gran velocidad y en enormes cantidades. Las estadísticas confirman que el tráfico de información en internet es sorprendente tanto como la participación del público. Por ejemplo se calcula que en todo momento, hay al menos diez millones de internautas conectados, descargando y difundiendo archivos mediante el P2P (Journaldunet.com 2007).

Contrariamente a lo que podría pensarse de esta actividad, ella no está solamente orientada al entretenimiento; la descarga de libros representa el 20,4 por ciento del total, por encima de la música que alcanza el 13,9 por ciento, y que los libros más compartidos son aquellos cuya temática es la tecnología (Riatium.com 2007). Tampoco habrá que dejar de considerar la enorme importancia del entretenimiento en la vida actual y el desarrollo humano.

Así pues, las circunstancias en que esta actividad se desarrolla, la hacen extenderse al punto de convertirse en un comportamiento muy aceptado y acorde con la era de la globalización. Si, como apreciamos, existe entre los internautas, la tendencia a compartir libremente la información; que las nuevas tecnologías colaboran con ello, y que además ella es necesaria para el desarrollo; es razonable entonces lo que ocurre en internet. Por ello es importante percibir la orientación que va tomando la sociedad global y no temer a los riesgos que puede implicar lo novedoso, como apunta Giddens:

Vivir en una era global significa manejar una variedad de nuevas situaciones de esta índole. Puede que muchas veces tengamos que ser más audaces que cautelosos en apoyar la innovación científica u otras formas de cambio. Después de todo, una raíz de la palabra riesgo en el original portugués significa atreverse (Giddens 1999: 48).

En segundo lugar ocurre que las empresas de comunicación y las desarrolladoras de softwares vienen operando exclusivamente guiadas por un afán mercantilista y hegemónico. Sin considerar adecuadamente el giro que está tomando la sociedad en razón de la globalización y de las nuevas tecnologías de que hoy disponemos. Sin embargo, si tomamos en cuenta que debido a las descargas, la industria fonográfica británica calculó en 612,9 millones de euros sus pérdidas en el 2005 (terra.es 2007), o que la Business Software Alliance; quien reúne a empresas como Adobe, Microsoft, Apple, Symantec, Autodesk, e IBM; reveló que durante el 2006, el 35 por ciento del software que se usó en el mundo era ilegal y que finalmente, calcula en 40 billones de dólares sus pérdidas (bsa.org 2007); comprendemos muy bien su inquietud. Pero estas empresas tienen una responsabilidad que no solo se contabiliza en dinero sino por el poder que ejercen sobre la sociedad. En el caso de la industria discográfica, más del 80 por ciento de ella, está concentrada en cinco transnacionales, algo que les permite ‘modificar y homogenizar las preferencias musicales del público en la mayoría de países’ (Unesco.org 2007). Esto muestra el poder que estas empresas poseen y sus repercusiones en la vida cotidiana. Para el caso de los medios de comunicación es aún más evidente como advierte Ignacio Ramonet, en una conferencia titulada “Los medios son el aparato ideológico de la globalización”, pronunciada en Córdoba, Argentina:

No sólo porque a veces se les pilla en flagrante ejercicio de mentira, como lo vimos en momentos trágicos, en particular en la víspera a la invasión de Irak, cuando se avanzó desde las posiciones de autoridad tan importantes como la presidencia de los EE.UU o algunos de los medios más respetados hasta entonces como el New York Times, o el Washington Post; se pudo afirmar que Irak poseía armas de destrucción masiva o que Irak y el presidente Sadam Husseim habían participado de las organizaciones de los atentados del 11 de septiembre (Rebelion.org 2007).

En el caso de las empresas que desarrollan softwares, tenemos que en setiembre del 2007, la Unión Europea le ha ganado un juicio a Microsoft por prácticas de competencia desleal. Esto ocurre luego de diez años, en los que a pesar de la demanda, Microsoft no ha cambiado sus prácticas (monde-diplomatique.fr 2007). Pero atención, estamos hablando de una empresa que posee al menos el 50 por ciento del mercado del software en el mundo:

La Unión Europea salió ayer notablemente reforzada con la sentencia del Tribunal Europeo de Primera Instancia, que respalda la casi totalidad de las medidas que en 2004 adoptó contra Microsoft por abuso de posición dominante. Tras un largo chequeo de las prácticas comerciales de Microsoft, que empezó en 1998, la UE ordenó a la compañía ofrecer una versión del sistema operativo Windows sin su lector de archivos audiovisuales Windows Media Player y suministrar a la competencia información suficiente para que sus productos pudieran comunicar mejor con los servidores gestionados por Windows; también impuso una multa de 497 millones de euros, a la que en 2006 sumó otros 280 millones porque Microsoft incumplió con los remedios técnicos que se le habían exigido (elpais.com 2007).

Esto demuestra pues la situación de poder en que se encuentran estas empresas y que muchas veces les permite conductas de abuso, de suerte que millones de internautas no acepten que estén cometiendo una ilegalidad con las descargas; muy por el contrario tan extendida actividad, aparte de las causas explicadas anteriormente, adquiere un matiz reivindicatorio. Un acto popular de justicia. Y es que precisamente, si constatamos de un lado la existencia de manipulación y avaricia desde el poder, qué nos puede quedar a nosotros simples y desiguales concursantes en este mundo democrático?

En tercer lugar debemos considerar el tema de la propiedad intelectual, criterio sobre el cual reposa la acusación de ilegalidad a las descargas en internet y que a mi entender debe ser revisado a profundidad para adecuarlo a nuestros días. La propiedad intelectual surge, en el siglo XVII, como una forma de protección a la edición de libros, “imprimir libros era muy caro y el único modo de garantizar que un editor invirtiera su dinero en la impresión masiva de libros era protegiéndolo de otros posibles productores” (Cornejo 2007: 111), y luego se extendió a otras áreas de la producción. En la actualidad el ‘derecho de autor’, como es conocido en Europa, intenta proteger la obra del creador, sin embargo esto no es así, quienes realmente se ven beneficiados con esta ‘mercancía’ son las grandes empresas; el artista o creativo, en realidad recibe apenas un pequeño porcentaje de los dividendos. Ahora bien, todos queremos que los creadores reciban a cambio de su trabajo los medios que les permitan vivir adecuadamente, tanto en países ricos como en los pobres, eso no está en discusión. Pero ocurre que las grandes empresas se amparan en el ‘derecho de autor’ para continuar rentabilizando sus inversiones y “La noción de esos derechos, que alguna vez estuvo al lado de los autores, se convierte en un medio de control de los bienes de uso colectivo en manos de un pequeño grupo de industrias culturales” (Joost Smiers 1999: 97).

Gracias a la globalización y a las nuevas tecnologías este criterio ha sido puesto en cuestión:

La tecnología digital y las redes informáticas constituyen el desafío más reciente para la propiedad intelectual, cuestionando incluso las categorías tradicionales de obras y su tratamiento (al permitir traducir todas a soporte digital), así como de los derechos o facultades integrantes de aquella (dificultad de distinción entre derechos de reproducción, comunicación, distribución) (Bercovitz 2003: 50).

Un ejemplo de actitud más acorde con los tiempos es la banda de rock Radiohead, ellos han lanzado su último álbum de manera libre, lo han puesto en internet y quien desee puede descargarlo siguiendo la filosofía del compartir, de acuerdo a lo que proponen, pueden pagar por ello ‘lo que quieran’, incluso nada (time.com 2007). En la misma línea se encuentran los comentarios del cantante y ministro de cultura de Brasil, Gilberto Gil,  cuya “[…] visión personal es que la cultura digital trae consigo una nueva idea de la propiedad intelectual, y que esta nueva cultura del compartir puede y debería conformar políticas de gobierno” (nytimes.com 2007).

De otro lado, recientemente asistimos a algunos experimentos con el ‘derecho de autor’, como el llamado ‘copyleft’ por oposición al tradicional ‘copyright’, en él se otorga la libertad al mismo autor de decidir qué parte de su obra puede ofrecer libremente en la red. Esto representa una cierta flexibilidad, permitiendo que quienes descargan este material no infrinjan los derechos de autor.

Para concluir, hemos podido comprobar la urgente necesidad de los grupos sociales del acceso a la información y al conocimiento. Y los están buscando, incluso a pesar de exponerse a demandas por parte de grandes empresas monopólicas.  Sea como necesidad, o como reacción precisamente a aquellos intereses de dominio económico y cultural; la sociedad actual marcha al ritmo de la globalización, proponiendo conductas nuevas que debemos intentar ver con objetividad. Las descargas en internet representan posibilidades de acceso a una democracia mayor, basada en la filosofía del compartir y es además, una muestra de las nuevas conductas que experimentamos. Si la propiedad intelectual se ve cuestionada es mejor revisarla a profundidad, solo así demostraremos la voluntad de adecuarnos a nuestros tiempos y no perderemos la oportunidad de darle a una amplia mayoría de personas, sobre todo en países pobres como el nuestro, el acceso a las herramientas básicas que les permitan acceder al desarrollo.

REFERENCIA BIBLIOGRAFICA

BERCOVITZ, Rodrigo

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2007 “Uno es ninguno: Desafíos. La Crisis del concepto de propiedad intelectual y la apuesta por la diversidad”. Somos, número 1081, p. 111.

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2007  Etnicidad virtual : raza, resistencia y World Wide Web. Barcelona: Gedisa.

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SMIERS, Joost

2006  Un mundo sin copyright: artes y medios en la globalización. Traducción de Julieta Barba y Silvia Jawerbaum. Barcelona: Gedisa.

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 (Este artículo fue escrito como para el curso Argumentación (2007-2) de la Pontificia Universidad Católica del Perú por el alumno: Cod. 19791250)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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